http://www.llull.cat/llull/estatic/fil/fotos_prot/serra_marius.jpgL’amic Manel, un dels fervents seguidors (sic) del nostre bloc, ens ha fet arribar aquesta divertida columna del filòleg Màrius Serra, publicada avui al diari La Vanguardia. Us recomanem que la llegiu:

QUIEN AVISA NO ES TRAIDOR

La polémica ontológica sobre ese ente denominado Tribunal Constitucional y sus propiedades esenciales mantiene ocupados a políticos y juristas. Todos comentan los borradores de sentencia con las manos en los bolsillos, en la cabeza o en otras partes. El lenguaje jurídico es anodino, y sólo la lupa del escándalo parece capaz de aumentar el cuerpo de la letra menuda. Por eso, me ha parecido sensacional lo sucedido en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya. Me lo hace notar Albert Lamarca, profesor titular de Derecho Civil en la UPF. Resulta que el pasado 13 de abril se publicó en el DOGC la orden AAR/ 218/ 2010 (6/ IV) del Departament d´Agricultura, Alimentació i Acció Rural, por la que se establece el procedimiento para la tramitación de las ayudas comunitarias en agricultura y ganadería para la campaña de comercialización 2010-2011. El artículo 22 de esta orden, publicado en la página 28596 del DOGC número 5606, concluye con dos frases impactantes. Para valorar su fuerza literaria conviene ponerlas en contexto, de modo que las reproduciré tras la que las precede: “L´establiment autoritzat ha d´acreditar que la llavor, un cop envasada, precintada i certificada oficialment, s´ha comercialitzat segons el que disposa l´article 21 del Reglament (CE) núm. 1121/ 2009. Tot això passava abans que fóssim catalans i pels boscos i pels prats trobaves quatre gats. La mar era més blava, la ginesta feia olor i encara no es parlava de televisió”. Es este contraste entre lenguaje burocrático y prosa poética lo que llama la atención. Tras las rimas abans-catalans,prats-gats y olor-televisió (ay), el DOGC prosigue como si nada: “22.3 Les persones beneficiàries hauran de complir els requisits següents…”. La pincelada lírica del redactor juguetón ya ha sido detectada y neutralizada. Si entran en la versión en línea del DOGC y buscan la orden AAR/ 218/ 2010 podrán leer, entre paréntesis, “pàg. 28596 esmenada per error material”. Pero eso no era un error material. Ni tampoco unejemplo de locura pasajera por parte de un funcionario enajenado por algún trastorno primaveral. Nos hallamos ante un ejemplo claro de avisador. Una prueba empírica para comprobar si la literatura jurídica es, como algunos suponemos, menos leída que la poesía patriótica norcoreana. La masa textual de informes, dictámenes, sumarios, reglamentos, artículos, sentencias y otros géneros literarios togados crece cada día a un ritmo monstruoso. ¿Quién va a leerse todos esos kilómetros de frases farragosas? E, incluso aceptando que alguien se lo lea, ¿qué tipo de lectura en diagonal utilizará: la opción rambla o la opción bulevar? Por eso es básico que nuestros redactores más comprometidos en la lucha contra la fatuidad social lancen inocuos avisadores como este, para así señalar con el dedo a esos mismos cretinos contra cuyas peladas coronillas Boris Vian nos invitaba a escupir. En mi vida he firmado muchos contratos, pero hasta hace poco nunca había hallado uno con avisador incorporado. Es un contrato con Edicions Dau, regentada por Ton Barnils, el mayor de los tres talentosos hijos del desaparecido periodista Ramon Barnils. La cláusula 11 del contrato establece qué ocurrirá en caso de desaparición de la editorial e incluye un avisador extraordinario: “Les causes de desaparició d´Edicions Dau poden ser múltiples i variades, incloses la inundació, incendi i pillatge general de la ciutat de Barcelona, la fuga de l´editor a les illes del Pacífic amb una (o més) rosses…”. Cuando uno firma un contrato así, ya sabe a qué atenerse.