Fitxa del Museu del delicteAhir parlàvem del Museu del delicte. El seu fons estava integrat per pistoles, rifles, escopetes, tota mena d’estris punyents utilitzats com a armes blanques, palanques, bitllets falsos, cartes marcades, etc. Avui ens permetrem, com a curiositat, reproduir un parell de les fitxes descriptives que acompanyaven les peces.

La fitxa de la peça número 32 de la col.lecció, una navalla d’Albacete amb segur, mànec de fusta i fulla metàl.lica, dipositada en el museu el 3 d’octubre de 1958 (sumari núm. 24/1954 del Jutjat núm. 2) diu: 

“El joven de 18 años A.J. trabajaba en un puesto de melones. El procesado E.N., comprador en el día de autos, le acusó de haberle cobrado dos veces la misma sandía, profiriendo contra el muchacho graves ofensas de palabra. S.J., padre de la víctima, pensando que la ofensa iba dirigida contra él, trató de explicar a E.N. que, sin duda, todo era fruto de una confusión. Pero el procesado, de mala conducta, con antecedentes penales y en aparente estado de embriaguez, inesperadamente, sacó una navaja y, apartando a S.J., propinó una puñalada al joven A.J., a consecuencia de lo cual falleció instantáneamente”.

Per la seva banda, la fitxa de la peça de convicció número 76 (una medalla, una insígnia i dos escuts de l’aviació veneçolana - sí, venecolana! - pertanyents al sumari núm. 384/1961 del Jutjat núm. 12)  explica:

“Francisco G.J., mayor de edad, con antecedentes penales, sin domicilio conocido ni profesión habitual, adquirió el día 3 de octubre de 1960 varias condecoraciones e insignias en un mercado de objetos diversos de esta capital. El citado Francisco G.J. fingía parálisis en su brazo izquierdo que decía haber sido provocada en el curso de la Gloriosa Cruzada Nacional de Liberación a causa de ciertas heridas que manifestaba le habían hecho merecedor de las condecoraciones que portaba. Francisco G.J. se dedicaba a pedir limosna en las casas particulares pretextando su fingida invalidez y mostraba siempre las citadas condecoraciones. El día 1 de noviembre del citado año, al salir de una tienda de ultramarinos expulsado por su dueño a grandes gritos, fue requerido por un agente de la Policía Municipal para que le mostrara su documentación. Inmediatamente el procesado dio un empujón al señalado agente y, habiéndole arrojado al suelo, se dio a la fuga sin poder ser alcanzado por aquel. Dos días más tarde fue detenido a raíz de la denuncia presentada por un vecino del barrio en que acostumbraba a operar, siéndole ocupadas, entre otros objetos, las citadas condecoraciones e insignias”.